miércoles, 6 de febrero de 2008

Equidad en el mercado globalizado:
Patentando lo Nuestro

por Manuel Luque Casanave (*)

(*) Analista

Los excipientes, principios activos, genes y germoplasmas presentes en las plantas que forman parte de nuestra variada biodiversidad, constituyen la base de una potencial actividad económica que dando valor agregado a estos recursos naturales, se convierta en una actividad generadora de empleo regional, con capacidad exportadora, para satisfacer la creciente demanda del mercado internacional propenso al uso de productos naturales como ingredientes para fabricar medicinas, aromas, fragancias, saborizantes, preservantes, colorantes, estabilizantes y antioxidantes.

La normatividad mundial permite hoy en día que se patenten organismos vivos y genes naturales presenten en alguna planta, así como patentes de organismos genéticamente modificados. Las grandes empresas de la farmacéutica mundial han incorporado en sus productos e incluso patentado excipientes, genes y principios activos extraídos de plantas y germoplasmas autóctonos de países en vías de desarrollo, entre ellos de nuestro país, sin pago de ningún derecho.

Principios activos de la uña de gato, maca, yacón y valeriana forman parte de una serie de productos manufacturados en el exterior, que paradójicamente importamos. Investigadores de universidades de los países industrializados y representantes de farmacéuticas transnacionales se internan entre los pueblos indígenas a la caza de remedios curativos que estos pueblos utilizan; una vez localizado el tipo de planta que emplean ancestralmente y la forma de utilizarla, lo patentan y a partir de entonces, nadie puede curarse con ese remedio sin pagar los derechos a la empresa que ha “obtenido” la fórmula.
Si se trata de buscar culpables, diríamos que todos los peruanos somos culpables, por la apatía sistemática hacia lo nuestro y por la falta de una estrategia nacional en esta materia, causa de la inacción de las autoridades competentes. En la era de la globalización es imperativo que nuestras ventajas comparativas -de contar con una de las mayores biodiversidades el mundo- la convirtamos en ventajas competitivas, de modo que nuestro país, sus empresas y ciudadanos obtengan los beneficios económicos de esta riqueza.

Acuerdos comerciales como el ALCA, debemos enfrentarlos con estrategias claras para la puesta en valor de nuestras riquezas naturales, que forman parte de aquel banco de oro sobre el que Raymondi decía que estabamos -y aún seguimos- sentados. Debemos patentar lo nuestro y no perder las oportunidades que ofrece el mercado a nuestros productos naturales.

El Estado debe impulsar la creación de un “Banco de Genes”, orientado a identificar, caracterizar y patentar genes, excipientes y principios activos contenidos en nuestras diversas plantas que poseen propiedades curativas, nutritivas o comerciales. Negociar el uso de esas patentes para impulsar joint venture y royalties de manufactura, negociar con inversionistas la implementación de industrias regionales para dar “valor agregado” a estos recursos y generar puestos de trabajo que fortalezcan las economías de las regiones.

Instituciones competentes del Estado como INDECOPI -en articulación con las comunidades y regiones-, deben asumir una actitud proactiva para ir patentando los genes, excipientes y principios activos contenidos en nuestras plantas autóctonas, de probadas propiedades curativas, nutritivas y de valor comercial.

Los beneficios económicos de estas patentes deben alcanzar a las comunidades autóctonas de las diversas regiones del país, como depositarias de las prácticas ancestrales que han hecho posible la evidencia de las propiedades de estas plantas. Dejemos de ser un país de oportunidades perdidas, evitemos repetir la historia habida con el pisco, uña de gato, valeriana, maca, guanábana y yacón.

Publicado en el Diario El Comercio; Lima , Perú - Mayo 2003

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